El baile

La primera entrada de mi blog la dedico a un microrrelato que escribí hace mucho tiempo. (No temáis, lo he corregido y pulido un poquito).
Volvía a las letras un poco titubeante y con el recuerdo de aquella famosa frase: “escribe de lo que conoces”.
Pues bien, este micro está basado en un hecho real. Así lo vi y así lo conté. Por supuesto, le pasó a una amiga, no vayan a pensar mal ustedes, que nos conocemos.
Espero que os guste y disfrutéis de este trozo de sensualidad y movimiento. ¡Hasta la próxima!
El baile
Sus dedos se entrelazaron con los míos, reclamándome.
Me pegó tanto a su cuerpo, que pude sentir cómo fluían las líneas de sus músculos sobre mi piel. No negaré que me estremecí en ese primer contacto.
El ritmo empezó a envolvernos con suavidad mientras nos aislaba de aquella algarabía de voces y risas. Percibía vagamente la oscuridad agobiante, el calor que sofocaba nuestras respiraciones y las miradas de incredulidad de mis amigas, aunque todo desapareció en cuanto clavé mis pupilas en aquellos ojos lascivos que se detuvieron, por un momento, en mi ombligo.
Me rodeó la cintura con su brazo moreno y uno de sus dedos fue recorriendo lentamente la parte baja de mi espalda, vértebra a vértebra, hasta que apoyó toda la palma de la mano en mi piel caliente cuando se quedó sin ellas.
Dejé de respirar un instante cuando abrió suavemente mis rodillas con la suya y, rozándome la ingle con su muslo, me susurró con voz ronca: «—Apóyate en mí y déjate llevar, linda―».
Y lo hice. Me abandoné a las caricias que moldeaban mis caderas mientras me atraía y frotaba contra él.
Arriba y abajo, latido y vuelta.
Mi piel húmeda se pegaba a la suya mientras ascendía el ritmo de la música. Las gotas de sudor rodaron entre mis pechos y se perdieron en mi ropa interior. Me sentía suya y él era mío.
Nuestros alientos se mezclaron en una única respiración y percibí su aroma a madera, miel, y almendras.
Sus labios llenos siguieron el latido de mi cuello y lamieron uno de mis hombros. Eché la cabeza hacia atrás haciendo que mis pezones rozaran la piel de su torso desnudo a través de la fina camisa. No podía parar.
El calor inundó mis muslos al sentir cómo me elevaba y hacía que rodeara su cintura con mis piernas. En esa suerte de abrazo, me perdí en sus jadeos, o quizá eran los míos, cuando se tensó el cierre de sus pantalones . Ya no oía la música, ya no quería bailar, sólo quería sentirle dentro de mí. Ahora. Ya.
Subía y bajaba, dentro… dentro… fuera… más rápido, más fuerte, más… más…
Y cesó la música.
Me bajó lentamente de sus caderas, me despegó de su cuerpo, besó mis labios entreabiertos y se despidió con un: «―Buen baile, niña—».
Y se alejó de mi vida, dejándome sudorosa y temblando en aquella pista de baile, pensando que quizá había conseguido mi primer orgasmo bailando, y sin ser capaz de recordar el color de aquellos ojos lascivos que se habían detenido, por un momento, en mi ombligo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s