Corazón de dragón, cuerpo roto

Me voy a teñir el pelo de azul.

Nadie me cree, pero va a ser así. Mi hermana se ha reído, pero seguro que me ayuda, siempre lo hace. Además, ya tengo catorce años y puedo tomar mis propias decisiones. Me tendrán que escuchar, en lo del pelo y en lo otro. Al final conseguiré las dos cosas, pero primero insistiré en un azul eléctrico, para convencerla de que me ayude para lo siguiente voy a necesitar todas mi dotes de persuasión.

El libro está sobre la silla en la que mi madre espera. Ahora creo que se ha ido a tomar un café. Mejor, prefiero estar solo. En clase, en el insti, siempre lo estoy y no es incómodo. Prefiero ser un mueble aposentado en el fondo del aula y pensar con tranquilidad, a que todos se giren hacia mí con esa mirada de “cómo puede soportarlo”. Menos mal que eso únicamente sucedió al principio de curso. Como siempre.

Esta mañana… ¿Seguro que es por la mañana? ¡Ah! Sí, han venido a asearme ya… El azul del reloj que está colgado en la pared es más oscuro. Imagino que fuera estará nublado. Intento mirar sólo al reborde color cielo, pero los ojos se me van hacia el movimiento de las agujas, no puedo remediarlo.

No sé por qué han traído el libro si no puedo leerlo. Vivirlo a través de la voz de mi madre no es lo mismo. ¡Cómo si pudiera imaginarme cruzar Rohan a caballo si me hablan en el mismo tono en el que me anuncian el cambio de pañal! Y la pronunciación de los nombres…

El polvo baila en aquel rayo de luz que entra por la ventana. Es fascinante. Parece que se desliza lentamente sobre él, pero si lo miras con más atención, gira con un movimiento rápido y se deshace en fragmentos para luego volver a unirse en un remolino. Es blanco, pero la luz lo hace dorado. Dorado, dorado. Y baila solo para mí porque soy el único que lo ve, que lo admira. Nadie se fija en él teniéndome delante.

Me duele la oreja. Un poco, un pinchazo en la curvatura, como siempre. Mira que intento que no me coloquen así, pero no me hacen ni caso cuando protesto. ¡Catorce años! Y no me sirve de nada.

Ahora es un escozor que recorre todo el cartílago y la presión aumenta. Es como si me la estuvieran partiendo en dos. ¡Joder! ¡Me duele! ¡Me duele! No lo soporto. Intento escupir el tubo de la garganta para gritarles, pero está bien anclado a ella y sujeto a mi boca con esta maldita cinta anudada. Toso y otro dolor se suma al de la oreja. Pero ha merecido la pena porque los aparatos se han vuelto locos con esos pitidos y luces intermitentes. Ahora vendrán.

¡Sí! ¡Ya están aquí! No, no, no… Otra aspiración, no. ¡Es la oreja! Pero no me hacen caso, de nuevo, y meten la cánula por el tubo para librarme de unos mocos que no tengo. Parpadeo hasta que las lágrimas ruedan por mi cara. Ellas se dan cuenta de que estoy consciente. Vuelvo los ojos hacia la derecha y las miro.

—¿Te molesta algo, Marcos?

¡Claro, joder! Parecen tontas. Intento mover el cuello para señalar la oreja derecha. Debo respirar muy rápido porque el monitor no deja de pitar. Una se acerca mucho a mi cara, como si no pudiera oírla bien desde donde está.

—¿Es el cuello?

Ladeo la cabeza lo que puedo, que no es mucho, y parece que me entiende.

—¿La cabeza? ¿Te damos un masaje en el cuello?

Me encanta que pasen las manos por mis vértebras retorcidas, la fricción y el calor son un alivio, aunque cada vez lo noto menos. Pero no… ¡No! ¡No quiero! ¡El dolor es insoportable!

—No te entiendo, Marcos… ¡La oreja! ¿Es eso?

Podría llorar de nuevo, esta vez de alivio, pero no lo hago porque se distraerían. Parpadeo en respuesta. Ella asiente.

Mete los dedos entre los sacos de arena que me sujetan la cabeza para que no la mueva y encuentra el doblez culpable de esta desazón.

—¡Pero si tienes la oreja doblada! No me extraña que estuvieras inquieto. Espera…

Me masajea el punto doloroso con un poco de aceite. Sería capaz de darle un beso, si pudiera. Ya tengo catorce años y, para ser una enfermera, no está tan mal. Le sonrío y a ella se le llenan los ojos de lágrimas. ¡Se jodió el encanto! No soporto que me miren con ese brillo de lástima, así que cierro los párpados como si fuera a dormirme.

Creo que ya se han ido. Abro solo una rendija para comprobarlo y veo que una de ellas está cargando una jeringa con el líquido de una ampolla marrón. Toca morfina. De lujo.

Me inyecta la dosis en el suero que viaja directo a mis venas y un cosquilleo cálido me inunda la garganta y sube hacia la cabeza. Es la única parte del cuerpo que siento, del cuello para arriba, desde que cumplí tres años y ese maldito tumor se hizo dueño de mi columna vertebral.

Y ahora una maldita neumonía me tiene atrapado a un respirador en una cama de hospital. Ni siquiera puedo leer, ni hablar… Solo contemplar este maldito hueco en la UCI donde me mantienen vivo.

Cuando salga de aquí me voy a teñir el pelo de azul… y así no se fijarán en mi cuerpo deforme, ni en mis brazos inertes, ni en unas piernas que no me han sostenido nunca. Ya tengo catorce años.

El polvo toma la forma de un dragón que vuela sobre la cama haciendo piruetas. Me está entrando sueño… Mi hermana me ayudará. Ahora se gira hacia a mí, sus escamas doradas relucen, y me invita a subir en su lomo. La habitación desaparece y yo con ella. Lo hará. Y lo otro también. Es hermoso, elevarse así…

Cuando quiera volar lejos de este cuerpo roto para siempre, la convenceré. No se negará. Lo sé. Nunca lo hace.

7 thoughts on “Corazón de dragón, cuerpo roto

  1. Anónimo

    Reconozco que me imaginaba el estado del protagonista desde el inicio, peeero me ha gustado cómo lo has contado que, para mí, es lo que importa. No sé qué pensaría yo en su lugar, pero sí que sentiría todo lo que siente, buen trabajo Nieves; la oreja me dolía a mí y todo.
    Me gusta el guiño al mundo fantástico que recrea en su interior, eso es algo que yo haría seguro, es más tengo en mi imaginación varias ideas recurrentes a las que echo mano cuando no puedo dormir por ejemplo, o me quiero evadir de alguna cosa negativa que esté dando vueltas en mi cabeza.
    Ojalá le quede bien el teñido en azul eléctrico (me encanta la idea), de lo otro… bueno, espero que le guste mucho el teñido y decida posponer el “asunto” indefinidamente.
    Un saludo!!

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  2. nievesmdelucas

    Jajajajaja… Muchísimas gracias por comentar por aquí. Me alegro que pienses que he logrado meterme un poquito en la piel de este adolescente y sus problemas, que realmente es complicado. Un placer que te pases por mi rincón. Un abrazo y… ¡Vuelve!

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