Otra pieza

Hace frío, sopla el viento… ¿Por qué sales a correr? Llueve, se avecina una tormenta… ¿Por qué sales a correr? Para todos mis amigos que salen al camino a pesar de las inclemencias del tiempo:

Miro por la ventana y el día está oscuro. Los párpados me pesan por el sueño que vino a destiempo, por los pensamientos que me desvelaron y no me dejaron descansar. Quizá sería buena idea quedarme en casa viendo la tele o escuchar un poco de música. Pero hay algo que me inquieta. Una vocecita que rodea mi estómago como si llevara una cuerda y tira de mí. Tengo que salir a correr.
Me preparo. Pantalones largos, camiseta térmica, cortavientos, guantes, la correa de mi perra atada a la cintura por si tengo que sujetarla. Ella ya está preparada. En cuanto me pongo las zapatillas no se va de mi lado por si me olvido de llevarla.
Salgo, preparada para luchar contra la ventisca, y me dirijo al camino del cementerio. Miro con nostalgia la enramada del pinar cercano porque me encanta perderme por sus senderos, pero hoy no. Hoy elijo un camino despejado y seguro.
Caliento las articulaciones y empiezo a trotar.

Y entonces, nieva. El día se transforma. Las nubes bajas convierten el cielo en un gris confuso que toca la punta de los árboles. El pinar se oscurece, se cierra para no dejar pasar la nieve. En cambio, la hierba centellea en un verde tan intenso que parece emitir electricidad.

Levanto la barbilla para que los copos toquen mi cara y entonces lo descubro. La postura, erguida, los hombros hacia atrás, la mirada al frente. Solo estoy yo en ese camino, como si el mundo se hubiera acabado y solo existieran comienzos. El movimiento de la piernas, la cadencia de mis caderas, el impulso de los brazos ganando unos metros más. Controlo la respiración para que no se desboque, ni me quede sin aire.

No me duele la rodilla o quizá sí, pero lo arrincono en mi mente y solo pienso en que me sostiene y me obedece. Aún no me ha fallado. Puedo con todo, no tengo que demostrar nada a nadie, ni siquiera a mí. Solo avanzo. Soy consciente de lo que elijo y, al mismo tiempo, ansío descubrir nuevas veredas para recorrer más camino.

No sé cuánto tiempo llevo, no sé cuánto he recorrido. Solo estoy yo y la nieve que se deshace y se transforma. Sonrío. Y otra pieza de mi puzzle se coloca.

2 thoughts on “Otra pieza

  1. Angel Cruz Alcántara

    Uno de esos relatillos que a mí me gustan, por su cotidianeidad, por su apuesta por los sentimientos propios y porque es visualmente fácil de imaginar. Así que un placer leerlo, como todo lo tuyo Nieves.

    En este caso nos has llevado a correr un día de esos que es difícil que uno deje atrás la comodidad del hogar pero oye que si se atreve a salir puede atesorar un buen momento en el recuerdo.

    Un saludo!!

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