Hijo de garza

«Este va a ser tu verano. Es la hora», le había susurrado la garza, y Mario le creyó porque nunca le había mentido.

Mientras recorría el camino que bordeaba el pueblo hacia la ribera del río, se lo repetía para sí mismo y sonreía. Cada vez que separaba los labios enseñaba los huecos de las dos paletas de leche perdidas dos meses atrás. Y si fruncía el ceño como respuesta a la vocecilla que escuchaba en su cabeza, casi inaudible ya por las palabras de la garza, se le plegaba la frente en una única arruga que le hacía parecer mayor de lo que era. En aquellos instantes fugaces le invadía el pánico y observaba sorprendido el cuchillo del matancero que ahora estaba recubierto de una costra de sangre, barro y paja.

Se lo había llevado del corral porque así se lo había pedido la garza y a él le gustaba sujetarlo entre sus manos. Ese iba a ser su verano. Él era el protagonista.

Se detuvo bajo los chopos que susurraban en verde y plata; el rumor del río se sumaba a ellos un poco más lejos. Aún no podía verlo, pero sí sentía su frescor. Pasó un dedo por el filo manchado y retiró parte de la mugre carmesí dejando a su vez un rastro de sangre fresca: la suya. El corte en la yema, limpio, brillante, se parecía poco al tajo en la garganta del abuelo; sangre vieja que salió a borbotones y se mezcló con el sudor de una jornada en el campo y con los trozos de paja que flotaban alrededor de las alpacas cuando se lanzó contra el cuerpo quejumbroso del viejo.

Así le silenció por fin.

Su abuelo nunca había creído en la existencia de la garza. «Déjale con nosotros durante el verano». Su voz grave y potente de campesino traspasaba puertas y paredes. «Con el trabajo en la granja se le quitarán esas tonterías». Y su madre accedió, aunque a ella no la pudo escuchar.

«¿Qué te pensabas?», se había carcajeado la garza aquel día, «¿Que tu madre iba a decir que no? No se negó cuando le ordené que se abriera de piernas cuando te concibió. Tu madre es débil, pero tú eres hijo mío y este será tu verano».

Mientras la sangre seguía manando por el corte del dedo bajo los chopos, Mario supo por qué se había llevado el cuchillo. ¿No iba a ser él el protagonista? ¿No iba a ser su verano? ¿Por qué no desaparecían todos de una vez y le dejaban ser quien era en realidad?

La garza no le había pedido que matara a sus abuelos. Lo había hecho por sí mismo. A uno, para que no sacara jamás el cinto cuando llegaba con plumas engarzadas en el cabello y lo estrellara contra su espalda hasta hacerla sangrar; a la otra, para que dejara de cogerle en su regazo después, mientras le susurraba que ella había visto a la garza sobre el alféizar de la ventana de la habitación de madre antes de quedarse preñada, pero que lo que tenía que hacer era callarse. Así que cuando la abuela cayó de rodillas junto al cuerpo desangrado del abuelo, gritando algo sobre el demonio, le hundió el cuchillo bajo el ombligo y siguió abriendo hasta que vio todo lo que quería ver. Por dentro era igual que madre, igual que el abuelo, pero no eran iguales que él.

A madre la había inspeccionado justo antes de coger el autobús para ir al pueblo. Sobre su cama, con las manos y los pies atados. Si él era el hijo de la garza, ¿cómo pudo salir por ese agujero? Los cortes dejaron al descubierto los tendones y los huesos de los brazos. Con eso no se podía volar. Le abrió los pómulos empapados de lágrimas y le sacó los dientes cuando ya no pudo gritar buscando el nacimiento del pico, pero no encontró nada. Se miró después en el espejo del baño y palpó los huecos de sus encías. Suspiró aliviado. Allí no había dientes y en el borde de los ojos seguía manteniendo aquella línea negra como la garza blanca. Sonrió, dio un beso a madre que le supo a óxido y a orina, y se fue al pueblo con los abuelos, hasta que no pudo más.   

Cuando la pareja de la guardia civil llegó a la chopera, Mario blandía el cuchillo del matancero, indolente, con los dedos ensangrentados y la mirada fija en la ribera, esperando.

Justo cuando los dos impactos de bala le quemaron el pecho y le impulsaron hacia atrás, Mario sonrió a la garza que le decía lo que debía hacer. Ante la mirada enloquecida de los guardias, el niño se clavó la punta del cuchillo en el ombligo y subió hasta que chocó con el esternón.

Si los dos hombres no hubieran caído de rodillas, agarrándose el estómago para no vomitar, hubieran visto cómo de sus entrañas surgía una bola de plumas blancas que alzó el vuelo desprendiéndose de la sangre mientras se elevaba. Mario la vio antes de que su conciencia se oscureciera por un momento. Después solo pudo ver la tierra que se alejaba y las nubes a su alrededor.

Imagen de Alejandra Miranda.

4 thoughts on “Hijo de garza

  1. Ismael

    Estoo… es un poco raro, ¿no? Me ha dejado algo patidifuso. Ese camino no me atrevo yo a recorrerlo. Una escena de una historia chunga de muerte y locura vista desde los ojos de un niño.

    Pero la narración está muy bien, con una soltura que se nota derivada del esfuerzo y de la práctica. Envidio lo bien que escribes. Cuando afinas el tema puedes hacer temblar a las montañas.

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  2. nievesmdelucas

    Sí, es un poco ida de olla, pero a mí me gusta. ¿Sabes lo que pasa? Que si solo escribo con el tono de la novela, me saturo. Necesito romper con algo así de vez en cuando y explorar nuevas posibilidades. ¿Quién dijo miedo? Solo es cuestión de ponerse, Isma. No me tienes nada que envidiar. Un beso.

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  3. Angel Cruz Alcántara

    Nieves, arriegada propuesta la tuya. Me gusta la idea, la verdad, y como ya he “jugado” estando en la mente de un asesino en algún relato seguro que te lo has pasado bien dejándote llevar por lo más inquietante que se te ocurriera. Me gusta la visualización del final, esa bola de plumas que es una garza que sale del tajo que se abre tu protagonista. Pero al relato le falta algo de fuerza, algo que me atrape mientras leo, no sé, invertir algo más en los sentimientos de este chico, en plan profundo, intenso. Echo en falta esa sensación incómoda de aceptar los tremendos actos de este asesino.

    Pase por delante que sigue siendo un relato muy bueno, por supuesto.

    Un saludo!!

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